MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

RECORRIDO POR EL TIEMPO


ESCAPADO DE LA JAULA

Se sentía cansado. A su ya larga edad… ¿cuántos años? Para que pensar en ello. La noche se había desprendido desde las bellas cordilleras. Por las del occidente, un sol casi moribundo le daba paso a las incipientes tinieblas. No supo cómo ni cuándo se vio montado sobre brioso corcel que lo incitaba con la brida, para empezar el largo viaje.
Aferrado fuertemente a las ijadas empezó a ver las techumbres de las casas antiguas, de la ciudad en que vio la primera luz, observaba, la amabilidad de sus gentes y la sencillez en la manera de comportarse. La animosa cabalgadura relinchó siguiendo la marcha y en un santiamén llegó hasta el pueblo en que supo escribir su nombre garrapateado con el lápiz; dando vueltas por el parque, veía a los campesinos descargar las cosechas que la madre tierra les brindaba, después del sudor honesto a cada golpe del azadón; podía ver en la callosidad de las manos, la honestidad guardada en el corazón, para repartirla con sus paisanos. El galope se hizo cansino al empezar la subida por los años de juventud. No pudo quitar la mirada a la vera del camino, en las que estaba diseminada las locuras de la irresponsabilidad: licor a borbollones, asistencias a casas de escasa reputación, en que el dinero caía en manos de mujeres que vendían su cuerpo pidiendo rapidez, porque alguien más estaba a la espera. Aventuras insípidas y perturbadoras de la paz hogareña, con regreso de experiencias y bolsillos rotos. Enamoramientos casuales y vertiginosos en que no quedaron estampados en la memoria ni en la de él y menos en la Dulcinea de turno. Seguían por trocha hacía arriba, el alazán, estaba lleno de espuma de su sudor y del hocico la baba le colgaba, era muestra fehaciente que las fuerzas brutas estaban a punto de estallar, se compadeció de la montura y esperó llegar a la cima en que divisó un pequeño plan engalanado con verde césped, se apeó, le quitó el arnés para que pudiera alimentarse libremente; se dirigió hasta un árbol frondoso en que al amparo de su sombra pastaba un asno. Se subió a él, su mansedumbre compaginaba con los años que aún le quedaban por recorrer.
Le dijo adiós a su brioso acompañante y subido en el jumento en que no necesitaba ni cuerdas ni lazos para guiarlo, solo con el movimiento de sus piernas, empezó la travesía. Con lentitud, pero con paso firme del animal, podía mirar la belleza del paisaje que lo rodeaba; pasaban sin ningún inconveniente junto a tenebrosos abismos; miraba hasta la lontananza y apenas si percibía el punto equidistante entre el ayer y el hoy, pero éste, era tan pasivo y lleno de experiencia, que creía que estaba viviendo por fin su mejor época.



viernes, 23 de diciembre de 2016


miércoles, 21 de diciembre de 2016

AQUÍ CAMELLANDO


NATURALEZA HERMOSA

En el campo se aprende la música a puro oído mi don. Oyendo a los taitas y a esos tíos que venían “prendidos” del pueblo los domingos, aprendimos a “surrunguiar” los instrumentos que para entonces allá en el ‘jilo’, era por puro placer. Ya no. Ahora se hace para ganarse la vida.
Cuando no sé a qué diablo de le metió sacarnos de la parcelita, nos vinimos para la ‘ciuda’ pa’ esos morros a vivir todos arrejuntaos en esos ranchos de lata. ‘Naides’ nos daba trabajo; pasamos hambre como ratón de iglesia, pero como antioqueño no se vara, le echamos mano al tiplecito y la guitarrita, les compramos cuerdas nuevas y dele a subirnos a los buses; le cuento que nos veíamos matados con las frenadas y las curvas que daba el chofer, pero con las moneditas que nos daban las gentes de buen corazón, algunas cosas de comer llevábamos al rancho en que nos esperaban los viejos con lágrimas en los ojos.
Los borrachos, son muy buenos a la hora de dar. Eso hizo que nos dedicáramos a entrar a cuanta cantina había en este Medellín, lo malo era la ‘trasnochadera’ que nos fue poniendo pálidos como papel, pero, ahí, si llegábamos con dinero para la librita de ‘ñerbo’, que mi mama cortándose los dedos hacía rendir. La vida es dura mi don.   



miércoles, 7 de diciembre de 2016

VACÍOS...


PASOS CANSADOS 
Sin saber llegó al país principio de un continente, el asombro lo paralizó de tal manera, que quedó cómo aquellas estatuas de héroes olvidados. Constató que allí, los que hacían las leyes, creaban la trampa para esquivarlas y quienes los elegían sabían de la procedencia, pero aquello lo convirtieron en un juego en que se entretenían cada cuatro años: elegían, después querer tumbar, era la felicidad masoquista acostumbrada al dolor. Absorto estaba al oír la muerte de niños asesinados por la desnutrición en dónde todo anda 100% por 100%, prometiendo mejorar mucho todavía, anteponiendo al bla bla el himno nacional. No existía en aquel tapete verde la equidad en los profesionales brotados por la universidad, esperándolos estaba la frustración, vínculo directo a la rebeldía. Al salir de los dos mares, en donde estaba el depósito de todo lo inservible se encuentra el desperdicio del pudiente, mendrugo de satisfacción del hambriento castrado de escrúpulo, que engulle hasta el hartazgo. Más arriba en  el vericueto de ranchos de lata, la niña famélica sale dispuesta a encontrarse con la depravación de ‘protectores’ camuflados, para atravesar el portón de la penuria, descorriendo el velo de vírgenes hambrientas.
El recorrido y visto lo tenía a punto de repugnancia, flaqueaban las extremidades, el cielo arriba era gris, todo daba vueltas. Aquel ambienta de música, acordeones, bailes de carnes morenas, risas, chascarrillos, era una mascarada patrocinada en las altas supremacías fraguadas en estancias de acaudalados terratenientes, para que la continuidad de desesperación, siguiera poniendo números a las cuentas bancarias.
No era necesario estar alineado al de allá ni al de aquí, para ver, sentir y palpar que era un pueblo subyugado, al que no debía haber buscado para retraer el dolor de un mundo acechado por las desventuras, producto de la desigualdad.   
 


miércoles, 30 de noviembre de 2016

EL TUMBIS


EL HOGAR

Como de costumbre el pueblo estaba tranquilo; el asfalto de las calles solitarias hervía con el calor, los pájaros volaban de la cúpula de la iglesia a los frondosos árboles de mango, uno que otro se dirigía hasta el palo de algarrobo, dentro de esa quietud en que se escucha el pasar de la brisa, apareció un muchacho que al mirarlo daba la impresión de provenir de familia distinguida. Él, se presentó cómo alguien amante de la aventura que andaba conociendo hermosos lugares de la topografía paisa. Tenía una amplia sonrisa (contagiosa), espíritu inmenso de colaboración, ayudaba a los cantineros a asear los locales, cargaba cajas de cerveza y frescos; preparaba el tinto en las tiendas madrugadoras. Era una hormiguita deambulando por Copacabana, sin muestra alguna de molicie, con esa forma de ser se granjeó el cariño de Todos.
Un buen día vino hasta el establecimiento de Carlos en la salida para el cabuyal, le dijo que Toño, dueño de la cantina en la esquina de entrada a la calle del Comercio, le mandaba decir que le hiciera el favor de prestarle media docena de botellas de aguardiente y para que no desconfíe, espere que yo le digo que salga para confirmar. Llegó hasta donde Toño y le dijo que Carlos le mandaba a decir que sí le prestaba media docena de botellas de aguardiente y para que vea que es verdad salga a la puerta que él está afuera. Ambos salieron y con la cabeza asintieron. Jamás se volvió a saber del risueño embustero…colorín colorado, éste cuento se ha acabado.       


miércoles, 23 de noviembre de 2016

UN LLANTO EN SOLEDAD


ANCESTRO CAMPESINO
Los campos se han ido quedando solos, en los arados no se ve el recatón, la chimenea no despide humo al cielo, la vaca no llega hasta la chambrana esperando el ordeño; la niña de trenzas y de mejillas rosadas se asoma con miedo a la ventana del tugurio y los abuelos están cansados de llorar. Los ojos no columbran desde la cima en que revolotean las águilas, la extensión del universo, el cruzar invisible del viento trayendo el aroma de flores silvestres; los turpiales no llegan a cantar en la platanera ejecutando melodías, cual barítono perdido en la montaña; las palomas no currucutean en el alar de bahareque emigraron a la cordillera del frente, el viejo tiple instrumento melodioso llamador de enamoramientos, en noches tachonadas de luceros, ha empezado arreglar los corotos para abandonar el habitad. El olor de suculento sancocho de gallina cocotera que expedía la cocina negra de humo de leña, lo tapó la pestilencia de la pólvora brotada de los fusiles, que ordenaban abandono de la querencia. Se desperdigaron los ancestros, cayó de rodillas la honestidad, se fue de bruces la fidelidad volviendo añicos la virginidad y las trenzas adornadas de flores las trozó el ambiente de ciudad. Los arados en que el sudor caía para ser simiente virtuosa del nacimiento de las hortalizas, queda maniatada ante la voracidad de la maleza. El recuerdo cansado de intimidación, se sienta a la vera del camino, a ver pasar las mulas cargadas de esperanzas muertas, a mirar la rueda del trapiche inmóvil y sin la dulzura de antaño; trocha abajo un hilo rojo recorre los socavones… 
    
 



miércoles, 16 de noviembre de 2016

NO SE DEBE TOCAR


SABOREANDO

Lo que se llamaba la carretera vieja, era la única vía que unía al poblado con la capital, se pasaba por Machado, Bermejal y se transitaba por el sector de bombillos de colores, en que las damas que iban en el carro de escalera a compras de materiales de modistería agachaban la cabeza para que la mirada no se extraviara en detallar mujeres de baticas cortas, escotes hasta el ombligo, claro, sin omitir una miradita de soslayo, con toda la preocupación de no ser detectada por el fogonero de turno, tan chismoso cómo solterona en una aquelarre de las seguidoras de San Antonio, quedaba atrás Las Camelias.
Esa ruta congestionada por toda clase de vehículos, pasaba por enfrente a la casa. Cualquier día se escuchó el sonido de voces de varones, madre e hijo salieron a curiosear, eran hombres de un pelotón del ejército trotando; para tormento pararon ante nosotros, al quitarse las botas, hilos de sangre mostraban el rechazo a los borceguíes; aquellos pies sangrantes estaban hechos para caminar libres por los surcos, para sentir la naturaleza. Agua les calmó la sed y una bendición les dijo adiós, contestaron con el fúsil enhiesta y la lágrima resbaló escondida. Campesinos ingenuos siendo enseñados a matar, sin saber porque. Odio el reclutamiento de flores silvestres, que después del alistamiento en las filas del aborrecimiento, jamás vuelven a ser los mismos, regresan llenos de perversión, deshonran los capullos frescos de rocío, incitan a los congéneres a unirse a los somníferos, a los desórdenes, al robo. Los gobiernos y la oligarquía apagaron los tiples, destruyen la unidad familiar, ponen fin a la emulación de los ancestros y la compasión explota en pedazos, los muertos endurecen el alma. No volverán arrear la mula.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

Y CON TODO TE QUIERO


LAS MONJITAS

He estado siempre a tú lado. Recuerdo cuando me viste; estaba semidormido entre el calor de mi madre, algo tocó el corazón y las palabras que dijiste: me lo llevo. Me dolió mucho salir del lado de la que me dio el ser, pero pronto me enamoré de ti; vi que te entregabas a quererme sin restricciones. El rostro es el espejo del alma. En tu cama cuando estaba pequeño, nos divertíamos jugando con las almohadas. Recuerdo cuando la madre nos regañaba, porque volvíamos una porquería aquel escondite de travesuras, descanso y dormilonas. No hacías caso. Gozabas igual que yo. Sabías que éramos dos seres creados por un mismo Ser Omnipotente, con la diferencia de que mi amor es perpetuo, que no distingo entre las buenas y las malas, sí estoy en un palacio o, el más humilde hogar construido con sobras de los que otros botan; no me importa sí la comida es enlatada con etiqueta rimbombante o lo que sobre de la boca de quien me brinda albergue. No conozco el odio, aunque se me halla golpeado por un momento de desesperación, sí me llaman iré meneando la cola, muestra inequívoca de que no guardo rencor y estoy feliz de que se recapacitó de la equivocación. Nadie está libre de errores. ¿Sabes? Me entristece ver cómo arrojan a la calle a los perros que están viejos, después que entregaron su vida a cuidarlos.
La ingratitud es imperdonable.
Esa manifestación del hombre no la comprendo. En nosotros existen diferentes razas y en ninguna le damos cabida, porque sabemos el dolor tan inhumano que depara a quien la sufre. No nos gusta la crueldad, por eso amamos a los niños; los vemos como ángeles enfrentados al salvajismo de un mundo agreste y solitario, en que sólo importa el yo, es cuando nuestra nobleza se acrecienta, para llenarle los espacios vacíos de una casa en soledad, los rodeamos de ternura con retozos y ladridos; nuestra mejor recompensa, es borrar del rostro la tristeza y verlos sonreír.



 


miércoles, 2 de noviembre de 2016

OLVIDO


NO ME DEMORO

 Da grima el ver cuantas palabras que se usaban han ido desapareciendo del habla de un pueblo parlanchín, que sí sé les tapa la boca lo hacen por el bolsillo de atrás. Un conciudadano cabizbajo, opacado, aplanado y triste, es un renegado infiltrado, al que se le deba abrir el ojo es síntoma de peligro inminente, ave de mal agüero. Ya casi no se escucha: Acurrucarse (ponerse de rodillas), agallinado (abatito de ánimo), ajualá (vehemencia a que suceda algo), Bastimento (alimento necesario para la familia) Cachar (conversar largo y muy a menudo). Así podríamos seguir hasta la madrugada (da pena porque se tienen que levantar a trabajar), sin acabar. El llamado progreso ha ido dándoles entierro de tercera y un montón de viejitos sentados en muelles poltronas, dizque grandes historiadores, entre copa y copa de vino, van recibiendo cuanta cochinada se vuelve entre el vulgo moda, aceptándolo cómo palabra castiza. El revoltijo del amigo Cervantes allá en lo desconocido, no deja dormir a san Pedro, las once mil vírgenes y cuanto pegajoso se halla colado. Lo triste es, qué esas expresiones, se van desvaneciendo como un arco iris en un pantano de olvido, algunas se salvan porque no falta un loquillo que les da cobijo resembrándola en páginas que llegan a mentes preguntonas e inquisidoras que nos las dejan morir en la indiferencia. ¡Jalar suena tan bueno! 
  



miércoles, 26 de octubre de 2016

LAS CARTAS


PIDIENDO MONEDITAS

Se acabó aquel acto que abría el corazón de especulaciones, desapareció de pequeños baúles a que iban a parar los amores sencillos, anhelantes y castos, los pasos no culminan en el intrincado recinto lleno de alambres, pilas y el tintinear del aparato comunicador de telegramas a la espera de una carta que venía de un pueblo, una ciudad o un país allende de las fronteras al que un día había marchado un ser querido. Es difícil olvidar la alegría inmensa del hecho de recibir entre las manos, las líneas de una caligrafía hermosa conque la pluma hería la blancura del papel, se añora irreversiblemente ese temblor que recorría las entrañas al empezar a romper el sobre. La duda asaltaba. ¿Traería en el fondo la noticia que se deseaba? Estaba todo igual a cómo la última misiva en que en reunión de toda la familia, el escrito se celebraba con alegría o llegarían malas noticias. Lo más enternecedor de aquel epistolar transcurrir de antaño, era esperar de la mujer amada el mensaje de que aún se estaba en su corazón, que pasaba horas enteras, divisando el firmamento tratando de ver más allá, que una lágrima se descolgaba al escuchar la melodía que un día los unió; bello y enternecedor era sentir sobre el inmaculado papel, el olor exclusivo de su fragancia. Aquello, era una noche de insomnio, un cabalgar sobre la especulación, un viajar hasta unos brazos morenos para reposar en la soledad. Se fueron las cartas en las manos del cartero de la destrucción del hoy, del recuerdo y el olvido. 
  

  

miércoles, 19 de octubre de 2016

CAMBIOS


LISTA PARA CAER

 Pasada la Primera Comunión se iban marchando también las almitas buenas, cuando se iba estirando el pantalón. La mente emprendía viajes cromáticos por los terrenos prohibidos de la sexualidad, pues no faltaba el condenado muchachote travieso que contara las aventuras por los barrios de la capital, en que de las casas brotaba música a toda hora, las niñas vivían escasitas de ropa y a todo el mundo sin conocerlo le decían mijo, contaba el condenado que no había pierde, pues en la puerta siempre estaba prendido un foco de color rojo, aviso de que allí, por unos pesos, unas criaturas famélicas, te mostrarían el infinito mundo de la lascivia. Las mujeres permanecían al margen, ellas, eran la virtud acrisolada.
El cambio fue rotundo. Los ancestros se tiraron por la borda; el hogar otrora sagrario iluminado por el respeto, tomó el rumbo equivocado, el tálamo permanece ocupado por amoríos resecos, que pocos momentos atrás salían de otro catre prometiendo “amor” eterno; un remedo de aquellas añoranzas en que el bombillo rojo desapareció, la música la misma, la proxeneta es la progenitora y todos felices porque han llegado a la cumbre de la liberación. ¡Son una perfecta familia moderna! 
 

miércoles, 12 de octubre de 2016

CREENCIA


LA CIUDAD POR SOBRE LOS TEJADOS.

Esas creencias ancestrales, venían arraigadas igual que lunar de familia; creo que sin quererlo, seguían el mandato hereditario de la trilogía de que estamos compuestos, unos pequeños rescoldos de brujería. Se le contaba a alguna vecina sobre un mal que aquejaba y sin pensarlo dos veces, se descargaba de remedios caseros extraídos de la naturaleza, de esas ‘matronas’ las más avezada, daban consejos con toques paranormales o invocando muchas ocasiones al más allá. Se recuerda con cierto recelo aquellos paqueticos lo más de bien prensados, eran en ocasiones en bolsas de papel vejiga en que venían los recortes de la Noel, otras, en pequeños envoltorios de periódico; la curiosidad es la madre de la pendejada, por creer era plata perdida por alguna anciana, se habría creyendo encontrar al final, unos centavos que garantizara la entrada a matiné doble el domingo. No. El hallazgo eran unas piedrecillas por cada una de las verrugas de quien las padecía y que quedaba curado cuando el entremetido las ponía al descubierto, haciéndose éste, propietario de tan incómodos y feos abultamientos en la piel. ¡Hoy sábado día de la virgen!
 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

DESAHOGO


Rostro fatigado

Llevaba mucho en la tarea de ir formando aquel espectro, no perdía la oportunidad para traer del pasado capítulos que matizaran la enseñanza; quería introducir en el vacío partículas de abolengo, que quizás lo fortaleciera durante el recorrido efímero por el espacio nebuloso e insondable. Ponía atención (eso se creía), hasta que se llegó el momento, en que en un acto de sinceridad y con la rebeldía de quien no aguanta más tanto desatino, fue escupiendo palabra por palabra lo escuchado, poniendo la ironía posible para causar daño; no quedaba más que agachar la cabeza, el silencio hablaba igual que un trueno escuchado desde las profundidades de las entrañas. Supo por fin, que de tanta lucha, una cosa le quedaba claro: algo más entraba por el tapete rojo tendido sobre la existencia ¡El remordimiento!     
 


miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA VACA LOCA


Es hora de mercar

Era la época en que todo lo anterior le importa un pito (frase muy usada por la viejita Etelvina), muy pocos tendrán recuerdo de aquellas estampidas, causadas por el temor de salir mal librado, cuando llegaba la hora de darle vida a estampas folclóricas. La antañona Copacabana celebra el 15 de agosto el día de su patrona, pero el anterior, son las festividades terrenales, el regocijo del pueblo. Por allá…en un rincón del tiempo se recuerda la llegada de los polvoreros, las cantinas llenas, las bellas niñas dando el salto a mujeres, los gritos de los vendedores de pirulís, paletas y conos, algodones de colores en azúcar; debajo de la torre amores a escondidas, la banda del pueblo des uniformados con olor anís interpretando pasodobles; de pronto, el parque se iluminaba y se llenaba de humo, los polvoreros habían creado un cuadro de la virgen que se iba desvaneciendo, de un momento a otros, gritos, desbandada, zarcillos destripados en el suelo, zapaticos de medio tacón sin su compañero, perdido por la damita que se veía horrorizada con el peinado hecho trizas, parecía la llegada de una invasión. Eran el fin del regodeo cerrado por la tradición de la vaca loca ¡RECUERDOS…!  
  


miércoles, 7 de septiembre de 2016

A LA HORA


Escuela de niños Copacabana


   El firmamento estaba azul, ni una nueve se dejaba ver. El burro de don Ramón hacía como de costumbre los rebuznos manifestando que eran las tres de la tarde, ni porque lloviera a torrentes o lo sacaran a pastar, dejaba de decirle a los del pueblo y a los escueleros que era la hora de la modorra. El entorno sabía y así lo escuchaba, cuando a lo lejos el pito del tren los llenaba de una alegría difícil de entender. Aparecía en la estación repleto de gente de otros lares, sacando por la ventanilla el cuerpo compraban dulces y frutas. Empezaba la marcha con extensos cha…cha…el vapor blanco era expedido, de la chimenea brotaba el humo negro producto del fuego producido por el carbón de piedra, mientras se iba alejando, los pañuelos se agitaban diciendo a adiós a quienes no se conocían, pero hermanos en la alegría y el dolor.
Aquel tren que pasaba repleto pitaba llamando a todo un pueblo para mostrar sus bondades; los coches calientes por la aglomeración de respiraciones, bullaranga de risas de niños, besos furtivos cuando los rieles entraban en el túnel, humareda que contaminaba los cuerpos; más atrás, los vagones acogían los brotes de la naturaleza que manos callosas descargaban en cambio de míseros billetes. El ganado encasillado bramaba, como reproche de un destino incierto. Aquella Arca de Noé que recorría polines, era el mixto.  


miércoles, 31 de agosto de 2016

LA ABUELA


Amigos de la naturaleza


Se escapa un suspiro de desengaño, recordando que su cabello no fue alisado por la mano lunareja y con unas venas brotadas conducto de la vejez con los años de una abuela. No vieron los ojos el vaivén de la silla mecedora llevando de paseo los recuerdos, que se volvían historias de bellas épocas, arrulladas por el ronroneo del gato Pepe, con la cabeza recostada al ovillo de hilo calabrés; no se recogió nunca las antiparras de carey, cuando el sueño le alejaba de la realidad y caían suavemente cansadas de ver en la lontananza los arados, en que se sembraba el amor con unas manos callosas y honestas.
Jamás, la vio sacar del escaparate el bombillo inservible para alumbrar, convertido en utensilio de zurcir las medias que los descendientes estropeaban, con puntadas muy juntas y entrecruzadas, los hilos que le faltaban en insipiente agujero. Jamás sintió la ternura de unos labios puestos con un beso en la mejilla. No la observó hacer tejidos con sus agujas de crochet, macramé  con aquellos nudos complicados, en que se entretiene mientras repasaba el ayer. No fue la muralla para esconderse después de una pilatuna, aconsejada por la fuerza vital de los ardorosos primeros años, cuando el padre de pretina en mano se abalanzaba sobre el engañoso cordero. No la sintió nunca caminar despacio para ver si el nieto se había quedado dormido.    
 


miércoles, 24 de agosto de 2016

UN RECUERDO MÁS


Museo 1

Se estaba en esa niñez intrépida, descomplicada, casi que irreverente (por no decir alocada). Mandaba el juego por encima de la responsabilidad; se encontraba en los padres un bozal para no caer al despeñadero. La mente embotada de bolas de cristal, que el padre llamaba canicas, trompos Canutos que se pintaban con los colores del arco iris, que se le robaban cuando despuntaba de uno de los charcos de la quebrada; la criminal cauchera de varios ramales de caucho, para que el golpe fuera más mortal en un ave indefensa, que dejaba de trinar, mientras la naturaleza lloraba. Eran aquellos utensilios con que se completaba la armadura del conquistador bizarro en busca de la felicidad suprema de lo insospechado.
Era el tiempo, en que la imaginación estaba activa (no había llegado la tecnología castradora), de su mano se construían los juguetes, todo estaba al alcance en la naturaleza, compinche que entraba a disfrutar con ahínco de los desmanes de párvulos inquisidores, de un mundo que les estaba abriendo las puertas de lo insondable. Se aprendió que el peligro estaría siempre rondando, que el amor existe desligado del sexo, del valor del hogar, universidad cromosoma que influye totalmente en la estadía visible y palpable en el orbitar dentro de la galaxia, aún en los espacios negros. Se imaginó el futuro…el porvenir les tenía preparadas sorpresas: los músculos se crisparon, en el iris se ensancho la pupila para dar cabida a los sollozos; la razón, calló ante la injusticia, el orden y el método se quedaron a la espera de la hecatombe.





miércoles, 17 de agosto de 2016

FAMILIA COMPLETA

Cuando se recibe el Don de Dios, de llegar a bello hogar, es la dicha más grande. Desde que se abren los ojos, ya se está disfrutando de placidez y encanto. La mirada se encuentra con un bello rostro de mujer engalanada de ternura que con mimos te alimenta y en cada gota, te traspasa amor, delicadeza y sentimientos altruistas que serán la coraza en el transcurrir del porvenir. Los requiebros engalanados de besos, son el inicio de una personalidad sensible, que dará sus frutos dulces con el transcurrir del tiempo. Sentirse acomodado en los fuertes brazos de un padre responsable, es estar mecido en la cuna de los ancestros, abrigado por la hidalguía y sostenido por el honor. ¡Bello inicio de una vida!
En el hogar se van aprendiendo las normas, que te trazan una alameda de respeto para los semejantes, sin preguntar el estrato social, menos el color de la piel. Se aprende a dar a quien toca la puerta y mandarlo a entrar y sentarlo a la mesa frente a un plato humeante, entre charla y anécdotas de dos mundos diferentes, que tendrán un fin igual. Partida de abrazo amigable con un costal que lleva, cantidades mínimas de fraternidad a un hogar que espera el regreso, de quien partió sin rumbo fijo, con las manos vacías, dejando atrás una familia que duda de la caridad. En ese lago tranquilo, se infunde respeto por la ancianidad. Se enseña, que ellos, con fuerza motriz, crearon de lo que ahora se disfruta; que los caminos se abrieron a golpes de hacha y de tanto recorrer los mismos senderos con las recuas de mulas. Que los pueblos surgieron al amparo de los descansos de la fatigosa jornada. Que la música brotó en el cascabel de las aguas de la quebrada, que cruza la infinita montaña bajo el verdor de árboles, plantaciones de café y rezos de Ángelus. Que los amores estaban guardados en la secreta del carriel, en la foto y carta de la morena de trenzas, que espera el regreso allá detrás de la montaña con la paciencia de una santa. Se inculcó, que un anciano, es la estampa venerable del abolengo.

Ese sagrario engalanado de bifloras, palmas, helechos, margaritas, anturios y rosas rojas; se vuelve la guía de toda una vida. Antes de cometer un error, se piensa en aquello dos seres que imprimieron con el ejemplo, una cartilla de respeto y honorabilidad. Todo impulso en dirección a la bajeza, cae de rodillas ante la férrea enseñanza de hacer el bien. Nada, ni nadie, pueden derrumbar el pedestal construido en el interior del cerebro matizado con frases de amor.


miércoles, 10 de agosto de 2016

DECAÍDA


Soledad

Habían sido muchas las circunstancias para llegar a ser habitante de calle.
Desde las colinas, se desplegaba el manto negro de la noche. Los bombillos de los barrios de la periferia titilaban; sabía que en uno de ellos, estaban sus seres queridos. Caminaba despacio para no terminar con los maltrechos zapatos. La ropa pesaba, las capas de mugre le imponían mayor esfuerzo. La ciudad era toda suya. La ciudad nocturna pasaba ante la lente de sus ojos, con depravaciones, crímenes y desamparo.
Cada paso dado, le mostraba la soledad; cada mirada, se perdía en la opulencia de los de allá, de esos fuera de su círculo. Conocía cada bar, taberna, restaurante y cafetería; sabía dónde daban y que lugar lo arrojaban más lejos de lo que ya estaba.
Poco a poco las calles eran abandonadas por los asiduos noctámbulos, que encubrían sus depravaciones con el velo culpable de la oscuridad; estaba enterado que muchos obraban engañosamente a la luz del día.
Las luces del stop de los vehículos se reflejaban en el pavimento, como grandes charcas de sangre. Sirenas de patrullas policiales y de ambulancias golpeaban los oídos; lejos se escuchaban los ecos de tiroteos a los que jamás ha podido acostumbrarse, lo mismo, que al abismo de ‘arenas movediza’ al que a mala hora por curiosidad entró. Estaba próximo a llegar a aquel lugar en que unas manos arrugadas y temblorosas, le brindaban con amor un ‘tinto’ que calentará la enferma anatomía. La viejecita tenía entre plásticos la venta de café. Ningún lazo familiar; los unía el dolor del abandono. 
 





miércoles, 3 de agosto de 2016


La ternura

LOS PADRES EN EL HOGAR.

A la gente no le gusta que se hable de las bellezas del ayer. Retrógrado, estancado y mil apelativos más, se le indilga a quien trae historias de un tiempo que se fue.
Pero cómo no evocar la distribución familiar. La pareja que se había unido por el vínculo del matrimonio, permanecía unida hasta el último suspiro de vida. La meta no estaba plasmada solo en la sexualidad o en las “maromas de alcoba” de que habla elbacerestrepo. No, estaba lo sublime de un amor; la formación de un hogar con respeto y responsabilidad; la espera larga y amorosa de la llegada de los hijos, que se forjarían en amor a Dios, las buenas costumbres, enseñanzas de honorabilidad, dedicación al trabajo honrado como fuente de ingresos y, serían suyos, de nadie más. No descargarían las responsabilidades en abuelos ancianos o el primer vecino o la tía alcahueta, que no puede faltar.
La crianza del niño, tiene que estar matizada por la dulzura y delicadeza de la madre para que en el corazón infantil, retoñen los sentimientos nobles que jamás lo abandonarán en el duro batallar y a esto se le agrega la fuerza abrazadora y amorosa del padre, ésta crea el carácter para que pueda enfrentar sin temores un mundo cada vez más egoísta.
No son buenos, ni los Matriarcados ni los Patriarcados en orientar las responsabilidades de una nueva generación.






miércoles, 27 de julio de 2016

ENTIERRO DEL PASADO


Rostro de la calle

No es raro oír decir: “Todo tiempo pasado fue mejor”; el dicho éste, brota constantemente en boca de ancianos, que ven con dolor, como sus costumbres, van desapareciendo, con la llegada de una época nueva, que inclemente desarraiga el prototipo del pasado, pasando por encima del comportamiento habitual. En la invasión caen exterminadas, las formas sencillas de vida, la utilización idiomática, los secretos de alcoba, respeto por la palabra de los padres, la admiración por la delicadeza de la mujer, el valor infinito de darle vida a un nuevo ser. Ver caer a pedazos la estructura familiar, núcleo único de la armonía mundial, es para decir: sí, todo tiempo pasado fue mejor. La tecnología no abre el entendimiento, lo adormece y ambos se quedan sin saber. Nadie entiende del dolor ajeno y menos hacerlo como propio. Es la época del “Yoísmo”, fuera de mí, nadie.
Nadie quiere emular al abuelo, pero en cambio sí, a los actores del celuloide o las estrellas del disco, las niñas son los juguetes en manos de madres que las quieres hacer modelos y las sobre pasen en los divorcios y en los escándalos sexuales. Nadie desea caminar por los senderos de la honestidad; la rectitud no está escrita en el nuevo modelo de vida, la psicología le dijo que son libre como el viento, hasta llegar a ser huracanes de

destrucción; los que aún vivimos para ver el lastimoso estado, exclamamos: ¡Siquiera se murieron los abuelos!
Las mujeres del pasado, no estaban engalanadas de artísticos diplomas, no eran cabeza de multinacionales y no asistían a bailes en lujosos hoteles, en que entre la cadencia se mueve la economía o desfila las ostentosas caderas al abrigo de exuberantes pechos siliconados, muestra artística, le las manos creadoras de cirujanos plásticos, que como sanguijuelas explotan la vanidad y se comen a grandes mordiscos el deteriorado capital familiar. Ellas…eran así: sencillas. Cumplían con el mandato de ser fieles, dignas y responsables, sin ningún vulgar artilugio para ser felices. Cantaban y oraban.
No se es, retrógrado, ni enfermizo dinosaurio, menos cavernícola reconcentrado, pero no se puede evitar, sentir nostalgia ver la forma irracional en que se mueren las costumbres sanas, las paz hogareña, la fidelidad, la honradez en que la palabra eran más importante que una firma o sello de notaría, que los padres estaban dedicados a sus hijos, administrándoles sorbos diariamente de nobleza, antes que desfilar como pavos reales ostentando cuerpos irreales, demostrando poder económico tan falso como la pureza de los instintos que los mueve, sólo a ser figurines viejos ante una caterva de aduladores mediocres y enfermizos.



miércoles, 20 de julio de 2016

CAMBIOS


Comiendo de mano ajena

Eso de estar cumpliendo años, tiene sus bemoles. Cuando se está joven, se es, libre pensador. Se siguen las ideas de Marx de Engels y tantos otros quienes aspiraban una sociedad sin clases; se leía con avidez escritores que reprochaban el amor de la mujer, tal es el caso de uno de los nuestros: Vargas Vila. En el despertar de esa época difícil y contradictoria de la pubertad, se cometen todos los desafueros eróticos; las leyes son un estorbo y hay que violentarla comenzando por las normas del hogar. Se ve al policía como el principal enemigo y al maestro, como la oprobiosa continuidad del “yugo” de los padres. Por instantes, se reprocha el advenimiento a la vida. Pero como todo está hecho para cambiar o mudar de aires, se traslada a la etapa en que se piensa antes de actuar, esa que nos salva del embrollo en que estábamos metidos. La madurez.
Cuando ya antes de acometer una acción, se analiza los resultados que pueda tener, es que hemos llegado a la edad de la sensatez; no se llega allí, así como así. Es después de cometer todos los errores cotidianos de la hipócrita humanidad y algunos inventados, que creemos, nos harán célebres. Muchos pasan raspando, otros, se quedan; unos logran pasar pero arrastrando con ellos partículas de los deslices y los hay con buen juicio, que son los triunfadores en la nueva etapa al tomarla con cordura, que al decir verdad, son tan pocos que se pierden entre la nube de frustrados, egoístas y criminales. En este ciclo de la vida, en que aún no se es viejo, pero también se está lejos de la juventud, es cuando florecen actividades que sobresalen, por el temor de llegar al periodo inevitable de la decrepitud, con las manos vacías, hecho, que hará de ese instante, más cruel y solitario. Encontramos la pareja cifrando en ella, el cayado en que apoyar de vicisitudes del transcurrir de los días y ser la matriz del principio de nuevas vidas. El período sigue adelante…con esa velocidad de luz. Se vislumbra con temor (inaceptable), que la vejez está tocando las puertas.
Se palpa la llegada, cuando el recuerdo del pasado se ensancha, el presente se acorta y el futuro no cuenta.
La vejez es una etapa hermosa de la vida. Durante el largo recorrido de la existencia muchos amaneceres se han visto despuntar auroras detrás del horizonte, allá en el límite visual; unos que calientan con la presencia del sol y aquellos grises y nostálgicos. Aunque la parte vital disminuye, se fortalece el corazón para darle cabida a la floración de la amistad, la reconciliación, perdón e indiferencia. Se vislumbra en la lejanía del infinito, una luz radiante que ilumina todo el ser, que al abrazarlo, se convierte en amor, alejándolo de lo material a lo espiritual en que el sexo no hace parte de la plenitud de la ternura. Al rincón longevo, entra como bálsamo la paz que reconcilia y mitiga los excesos de algún ayer borrascoso.  
No por mucho madrugar, amanece más temprano. 
  

CAMBIOS

miércoles, 13 de julio de 2016

HUBO UN TIEMPO


Centro de reunión de aves.

HUBO UN TIEMPO…

Corría el meridiano del siglo pasado, el acontecer exhalaba otro ambiente. Los hogares, seguían los ritmos de una batuta que ejecutaba los movimientos, con el saber del corazón y la responsabilidad. Existían escuelas y colegios en que se enseñaba primero la honradez, que a contar el dinero, el respeto antes del poder. Las aves trinaban sin asfixia, el verde de los campos era el color natural, la nieve era perpetua, el agua corría a raudales; los niños jugaban ingenuamente por la cornisa de la imaginación. Las reuniones familiares, eran un festín de aprendizaje en donde los lazos de amistad, se ligaban hasta el pretérito. Para aquel entonces, las fincas enchambranadas eran sagrario de la heredad, reposo del carriel, ruana, machete y dados que rodaban lanzados por las manos callosas del campesino labrador de sueños e ilusiones, hoy, convertidas en lupanares de orgías promiscuas irrespetuosas del abolengo.  
Por las calles se caminaba con la cabeza en alto, llevando siempre una sonrisa al encuentro del trabajo honesto, sin negar un saludo a quien en la travesía se cruzaba. Simple gesto de urbanidad. Los asilos, eran lugares casi ociosos, pues las familias adoraban a sus ancianos ellos, representaban la hidalguía acumulada en el venerable patriarca, de caminar lento atiborrado de historia, que al narrarlas quedaban marcadas en el alma.
La niñez, correteaba alegremente fuera de temores, sin encontrar al paso libidinoso hambriento que mancillara la castidad de los sueños y borrara por siempre, la expresión de alegría en la faz angelical. Era satisfactorio, llegar al hogar perenne en que irradiaba el amor encasillado sobre el ejemplo y ser recibido en los instantes de angustia, por unos brazos de comprensión, prestos irrestrictamente a brindar ayuda. Hermosa y despampanante la lozanía de la mujer, maquillada por el poder de la naturaleza e irreprochable el donaire con que matizaba la pulcritud de su dignidad.    

             




miércoles, 6 de julio de 2016

A MALA HORA


Florece la vida

Se ha resaltado a través del tiempo en éstos escritos, la paz conventual que se respiraba entre los pocos habitantes, del idílico lugar encasquetado en la agreste montaña, circundado por un río y atalayado por la elevada torre de la iglesia; eso era Copacabana la tricentenaria población, que el conquistador español Jorge Robledo fundó, para dejar allí, un sembrado de honestidad en sus gentes. El trabajo limpio de hombres laboriosos, mujeres igual que manojos de flores silvestres, recatadas, pulcras, esposas fieles y madres apasionadas en la crianza de sus hijos; orgullosas en su preñez. El templo, era el lugar de encuentro matizado de oraciones exhaladas entre ruanas, cachirulas, mantones y genuflexiones. Las dos escuelas para diferencia de géneros, eran los castillos que albergaban a los niños, para continuar la preliminar educación hogareña, por unos maestros íntegros, que depositaban su saber con torrentes de amor. Las clases se iniciaban con una plegaria. En aquel pedacito de cielo, se respiraba paz. Todos se saludaban, era la constante; pareciera, por la similitud de los apellidos, que fueran familiares: Cadavid, Jiménez, Montoya, Zapata y Rivera. El aguardiente, era el único vicio, de eso daba cuenta, el aforo de las cantinas en los días domingo y festivos.
El viejo taita decía socarronamente: “de eso tan bueno, no dan tan bastante” y…vaya sí tenía razón. Por allá el año 1948 del pasado siglo, un viejecillo de apellido Álvarez, carpintero él, descargó los corotos en frente de la fábrica Andina y con ellos, sus dos hijos; sin saberlo, estaba descargando a la par, la maldición de la droga, en papeleticas mal olientes.
Sus retoños, empezaron a distribuir entre una juventud ignorante y tal vez ávida de aventuras, la marihuana en pequeñas dosis. Muchos cayeron en la trampa y se les veía pasar en grupos, para consumirla en la soledad del cementerio, en la oscuridad de un rincón en un callejón o en las cercanías de la plazuela de San Francisco. La “traba”, la llevaban a pasear a las cantinas y con una leve sonrisa en el rostro, disfrutaban de Daniel Santos y Celia Cruz, con el yerbero moderno, que aquellos “jibaros Álvarez”, les habían enseñado a regocijarse.



miércoles, 29 de junio de 2016

RECUERDO GRATO


Hace 50 años

Aunque se haya recorrido mucho en el tiempo, no es sencillo depositar en el olvido, acontecimientos que no por sencillos, marcaron indeleblemente nuestra vida, por eso, no es extraño que cuando menos se piensa se nos vengan encima de la misma forma que lo hace un derrumbe, que se viene silenciosamente desde la montaña cubriendo todo a su paso. Se estaba pequeño viviendo en el marco de la plaza en donde pastoreaban animales, las palomas volaban hasta la torre de la iglesia que les servía de atalaya para mirar el sosiego del villorrio, pero al primer repique de campanas para el rosario espantadas surcaban el cielo azul, algunas regresando al lar y otras a los árboles frondosos que daban belleza, aire y salud.
El rosario y la salve en el templo de Nuestra Señora de la Asunción, estaba dispuesto para la 6 de la tarde, el sacristán un viejo gordo que arrastraba ambas piernas hacía sonar las campanas para llamar la asistencia de los habitantes. El antiguo templo se iba llenando; venían de los campos cercanos, gentes humildes, los bobos del pueblo, la aristocracia con mantillas negras las mujeres que a la vez traían reclinatorios y los varones con elegancia. Se confundía los olores de pachulí con los de la tierra, la devoción con la farsa. Lo que no se puede alejar de la mente, era el recorrido por las naves del templo del Señor Sacramentado en manos del padre Julián Sanín, acompañado por cuatro caballeros de la alta sociedad, pero lo más impresionante, eran aquellas bellas niñas vestidas de ángeles, que tiraba flores al paso de la procesión, convencidas tal vez, que pronto volarían hasta el cielo.    



miércoles, 22 de junio de 2016

IGNOMINIA


Naturaleza al rojo

Es extraño el sentimiento, al ver la forma como vamos aceptando todo aquello que se lanza como innovación usando las palabras libertad y democracia. Se teme que el vulgo, nos señale de retrógrados, reaccionarios, atrasados y obcecados. Por esa falta de personalidad y cobardía, damos aceptación a cuanta aberración se les ocurre a depravados que habitan encubierto en sociedades, cofradías, instituciones y mil más abanderados de la destrucción del universo. Ese borregaje de aceptar por temor, nos ha ido llevando a perder nuestras ideas e ideales, a ser tan blandengues, que copiamos en toda su plenitud, la actitud estúpida del avestruz. Sin darnos cuenta (que no creo), nos volvemos correligionarios de la ignominia y de estampas promiscuas que prostituyen la cordura; es un ir montado en una hoja impulsada por la corriente del agua, hasta caer en el torrente que lo hundirá para siempre.  
Ese ir “¿Para dónde va Vicente?, para dónde va la gente”, es la forma más ridícula de caminar divagando por la inmensidad del universo; es marchar a cada paso entregando la conciencia, en pequeños mendrugos hasta quedar en una masa mal oliente, rodeada de remordimientos, que se seguirán ocultando bajo el alar de una sonrisa fingida y cruel como hiena al acecho, de presas desprevenidas que recorren la pradera, recogiendo flores silvestres, para adornar el altar de sus creencias, sueños, metas, cumpliendo con las reglas de la normalidad y el decoro.