Este hermoso rincón de Colombia, de grandes y verdes montañas, de hombres trabajadores y honestos, de mujeres bellas y hogareñas, es el sitio que los espera para darles la bienvenida y mostrarles los misterios de un carriel, el calor de una ruana y adormecerlos con la suave melodía de un tiple; esto y mucho más, les brinda ANTIOQUIA.
Se hace la vida llena de alegría al recordar con amor, todo aquello bello que ha trascurrido durante nuestra existencia. Sí me recuerdas, es porque me haz amado. ¡Cuan grande es recordar y que triste es el olvido!
viernes, 1 de mayo de 2009
jueves, 23 de abril de 2009
El teatro Gloria del pueblo.
Ya estábamos como en tercero en la escuela Urbana de Varones y, nuestros padres nos dejaban ir a matiné los domingos. El teatro estaba ubicado cerca de nuestra escuela o sea que pasábamos por el frente, en donde los dueños, después de una inmensa puerta de hierro, colocaban en carteleras de madera rústica las fotos de la próxima película para los niños. Cuando sonaba la campana que nos indicaba que podíamos salir para nuestras casas, en vez de tomar el camino hacía ellas, salíamos como almas que lleva el diablo directos al teatro Gloria; nuestras miradas se iban expectantes a las fotos de las cintas que pasarían a las personas mayores en las horas de la noche. ¿Por qué? Nada más, porque allí estaban expuestas las de hermosas mujeres dándose besos con el galán de turno; nuestros ojos se querían salir de las órbitas. ¡Eso era mucha maravilla! ¡Que bueno será ser mayor para ver a esas "lapo" de viejas!Por las noches se soñaba con: María Félix, Ana Berta Lepes, la bailarina "Tongolelé", Blanca Estela Pavón, Amanda del Llano , Marga López y tantas otras estrellas del cine mexicano que a nuestros mayores los dejaba con la boca abierta y a nosotros nos proporcionaba tantas incógnitas, que sabíamos no podríamos resolver. Después de un buen rato, nos transportábamos a la realidad, en la cartelera en dónde estaba nuestro cine del domingo, encontrábamos con grandes letras a color: "Yo maté a Rosita Alvirez", con Luis Aguilar, nos mirábamos y sabíamos que no podíamos faltar. ¿Pero estarían nuestros padres dispuestos a darnos dinero para poder entrar? Eso había que verlo. Toda la semana nos pasábamos tanteando a nuestros progenitores: les hacíamos los mandados, rezábamos el Santo Rosario con devoción, no peleábamos con el hermano, nos acostábamos temprano, no les dábamos en esos siete días ni un solo disgusto, eramos en verdad unos "angelitos" del Señor. Pero se aproximaba la hora de la verdad. El sábado que no teníamos que axistir a clases y que nuestro padre trabajaba solo medio día, le salíamos al paso y con astucia del niño, le poníamos en sus manos la angustia de que estábamos poseídos: ¿Padre, nos vas a dar el dinero para ir al cine este domingo? Pasaban unos minutos que parecían horas en dar la respuesta. ¿Mijo, cuanto es que vale la entrada? Ya se sabía que habíamos ganado y que estaríamos en palco en el teatro Gloria, que comeríamos chorizo con pan antes de que Luís Aguilar comenzara a cantar, montarse en su caballo para perseguir a los malos y nosotros a gritarle: cuidado con el que está detrás, pero no, él ya lo había visto, se oye un disparo, el hombre cae muerto.
Así pasamos por largo tiempo hasta terminar nuestro período estudiantil en la escuela Urbana de Varones, haciendo con nuestros padres el mismo chantage para poder asistir al cine en el teatro Gloria, en dónde dejamos tantas alegrías que el corazón guarda para siempre encubiertas por los años.
sábado, 11 de abril de 2009
UNA ANTIOQUIA GRANDE.
Horizontes: cuadro de Francisco Cano.En el video del Valle de Aburrá, se muestra lo Bello de Medellín, la capital del departamento de Antioquia en la Rèpública de Colombia y los municipios que conforman el Área Metropolitana; nuestra tacita de plata, es bella, acogedora, en una palabra: es todo un ensueño.
En los recuerdos de mi infancia, quedan por siempre en mi memoria el amor que nos infundieron: Padres, maestros y todos los familiares, al amor que debíamos tener a nuestro terruño. Se nos hablaba de hombres ilustres nacidos en estas montañas, que son nuestro orgullo, se nos decía, que era como nuestra segunda madre y así, la aprendimos a amar. Cantar su himno nos llenaba de recogimiento.
Un antioqueño es un ser singular. Hecho para el trabajo, los negocios, el comercio, para amar la familia y sobre todo a la madre, que es su ser más grande entre todas las cosas del mundo. No hay paisa que no quiera ser rico y para ello, hace lo que sea. Bebedor de aguardiente, poeta, exagerado, amante de dichos y refranes, mamador de gallo y le encanta la música, se va detrás de un tiple hasta donde sea.
Del antioqueño y su comportamiento, han hablado y escrito personajes de la talla de Antonio José Restrepo (Ñito), Manuel Uribe Ángel, Tomás Carrasquilla, Efe Gómez y tantos otros, que no acabaríamos núnca.
El antioqueño, ama su carriel, cómo a su propia vida. Sin él se siente desprotegido; en el guarda de todo: dados, naipes, barbera, carta y cachumbos de la novia, tabacos, yesquero, ilusiones y el alma.
Un paisa, te saluda y de inmediato te brinda su amistad; si le preguntas una dirección, es capaz de llevarte hasta el sitio. No le pueden faltar los frisoles, la mazamorra y su arepita, si después de lo leído, lo quieres conocer, ven, ésta es tu casa, pasa, están las puertas abiertas.
viernes, 10 de abril de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
EL VIEJO DOMINGO.

Salia de la escuela de don Jesús con la maleta de útiles, Bolas (canicas), trompo, la ropa sucia de jugar y la melena revuelta. Me dio por mirar a la acera del frente cuando llegaba a la esquina. En un cuarto, no muy grande en donde se hallaba la carpintería de don Domingo. Domingo lo llamaron siempre y jamás conocí su apellido. Era un hombre de complexión robusta, gafas apoyadas en la punta de la nariz, sombrero de fieltro verde claro para el laboreo y azul, para estar en compromisos de importancia, estaba colocado en su cabeza al estilo de Carlos Gardel. Lo que siempre me pareció extraño, fueron sus pies, que debían ser muy gordos, pues así se notaban en el ancho de los zapatos. El color de su piel era como la de cualquier mestizo en nuestra patria, su cabello cano y ojos color miel. En la puerta del frente del cuarto se hallaba nuestro hombre sentado en un taburete que estaba recostado a una de las alas y como siempre dormido, esa soñolienta lo caracterizó siempre. se podría decir como en el refrán: "Se dormía cuidando un tigre". Así en brazos de Morfeo se le encontraba en las bancas de la Iglesia cuando asistía a misa, en los partidos de fútbol en la cancha Camilo Torres; roncaba en la películas de Jorge Negrete o Pedro Infante, a veces creo que no murió, más bien se quedó dormido.
Trabajaba en su carpintería con una lentitud que crispaba los nervios a quienes de alguna forma ocupaban sus servicios, pero lo que todo el pueblo le admiró fue su devoción por acompañar al cementerio el cadáver de cualquier persona fallecida, a él no le importaba de quien se trataba siempre se ponía sus mejores galas al primer toque de las campanas cuando sonaban a duelo. Allí estaba Domingo. Jamás se supo de aquella actitud, pero se podía imaginar, que se tratara de dar cumplimiento a las obras de misericordia, "enterrar a los muertos".
Para mí, el viejo Domingo, fue todo un misterio. Jamás le conocí mujer, ni familia, ni vicios, pero lo que siempre he creído es que el nombre, fue bien puesto. El domingo se hizo para descansar y ¡Domingo, así lo atestiguó!
lunes, 9 de marzo de 2009
Siempre en mi compañía.

En mi vida no ha podido faltar la compañía de un perro, como se ha dicho siempre es el mejor amigo del hombre y lo he creído así; de niño, tal vez por un sentimiento genético, porque desde que tengo uso de razón, recuerdo lo que sentía por ellos ( no quiero decirle animales).
En el barrio Manrique, a dónde llegamos a vivir, por las calendas de 1942, o sea que tenía dos añitos, me enamore perdidamente de una perrita de color amarillo, flacucha, de propiedad de un vecino, fue tanto mi amor, que un buen día y como el dueño lo dejó en la calle yo, sin pensar más nada, me la cargué para las casa y con el objeto de que no me la fueran a quitar, me metí con ella en la pieza de rebujo y más concretamente en medio de dos colchones que tenía una cama que era la que recibía a los visitantes que de vez en cuando llegaban a nuestro hogar, pero mí alegría duró poco, porque al dueño le contaron que el menor de los hijos de Don Francisco la tenía, fue mucho lo que lloré por mi amiguita, porque eso era lo que "Sultana" y yo fuimos. Tal vez por aquel detalle mi padre, cuando estábamos viviendo en Rionegro, un día cuando salimos a recibirlo, como de costumbre, a la llegada de Medellín de su trabajo y él, no dejába que nos le acercáramos a uno de los bolsillos del saco y cómo sería mi alegría al ver que de allí se asomaban unas orejas primero y después, un hocico que eran propiedad de mi nuevo perro. Era muy bonito, crespito, blanco, con un lunar negro en la cara, o sea, que media estaba negra y la otra blanca; en la parte negra, el ojo de aquel lado, no se veía; pero fue muy corta su estadía entre nosotros, debido a que al corto tiempo, se volvió agresivo, sólo a mi madre no la mordía, viendo ésto mi padre y para evitar algo malo en la familia, se lo regaló al señor que traía el bulto de carbón; el fin de "Regalo" mi perrito fue muy triste. Lo tuvo que matar, porque lo que producía su violencia era una sordera que lo hacía insensible a la realidad, cuando me lo contaron duré largo tiempo llorando a mi amiguito que tan ligero me había dejado. ¡Son los primeros dolores que nos da la vida!.
martes, 3 de marzo de 2009
¿Y por qué esos nombres?
Luis Antonio, un pequeño niño de ojos muy despiertos, con su pequeña melena revuelta, tirada desprevenidamente, cubría en parte su frente, en forma despreocupada pero a la vez firme, me preguntó cierto día: ¿Señor, a qué se debe mi nombre? La verdad, porque tus padres querían para ti una forma bonita para que te conocieran, o mejor aún, recordar con él hombres ilustres de la historia. o tal vez, siguiendo como norma, bautizándote según el día de tu nacimiento, con el nombre que aparece en los almanaques. El niño recogió sus juguetes y se fue no muy a gusto con mis explicaciones, pero más intranquilo quedé yo. Pensaba en tantos nombres que no hacen honor a quienes lo llevan, por ejemplo:
María, hace poco salía de un prostíbulo cargada de enfermedades venéreas. Magdalena, la superiora de una comunidad religiosa.
Justo, juez que vende sus veredictos y que condena a quien su pobreza no alcanza a comprar su libertad. Cuantos Jesúses abundan que matan en la oscuridad a sus indefensas víctimas.
Adanes conozco miles, que se dedican a criar perros, pues no tuvieron hijos en sus matrimonios.
Colón, también existen, que no han podido descubrir el camino de regreso a sus casas; de Auroras está el mundo lleno, pero cuantas de ellas no conocen el despertar de un nuevo día.
Socorros, conozco que jamás han estado en circunstancias difíciles; un Sandalio conocí, era oligarca, que jamás se apeó de sus automóviles.
Lázaros, abundan en el mundo que no han sabido de una gripe, ni un cementerio; Armando, es un loco que no dejó vidrio bueno en la ciudad.
Rosa es una mujer que trae morcilla a la casa y la llaman "espantapájaros". Blanca, brilla con el sol de puro negra.
María, hace poco salía de un prostíbulo cargada de enfermedades venéreas. Magdalena, la superiora de una comunidad religiosa.
Justo, juez que vende sus veredictos y que condena a quien su pobreza no alcanza a comprar su libertad. Cuantos Jesúses abundan que matan en la oscuridad a sus indefensas víctimas.
Adanes conozco miles, que se dedican a criar perros, pues no tuvieron hijos en sus matrimonios.
Colón, también existen, que no han podido descubrir el camino de regreso a sus casas; de Auroras está el mundo lleno, pero cuantas de ellas no conocen el despertar de un nuevo día.
Socorros, conozco que jamás han estado en circunstancias difíciles; un Sandalio conocí, era oligarca, que jamás se apeó de sus automóviles.
Lázaros, abundan en el mundo que no han sabido de una gripe, ni un cementerio; Armando, es un loco que no dejó vidrio bueno en la ciudad.
Rosa es una mujer que trae morcilla a la casa y la llaman "espantapájaros". Blanca, brilla con el sol de puro negra.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)