MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

jueves, 12 de diciembre de 2019

LOS PELUQUEROS


COPACABANA EN EL CENTRO

Es a principios del siglo XVII que comienza a mencionarse en los documentos a los peluqueros, aunque podemos considerar el tensor romano, barberos y fabricantes de pelucas en la Edad Media en Occidente, como verdaderos peluqueros en el sentido de peinadores. O sea, pues, que el honorable empleo, es bastante antiguo. Alguna ocasión leía, que cuando se llega a un lugar por primera vez, es bueno para conocer el sitio de original mano, ir a la peluquería pues ya muellemente acomodado en la silla, el fígaro se comporta como hiciera mucho tiempo te conociera; a cada tijeretazo te va narrando la historia de la comarca y en menos que se persigna un cura ñato, estás enterado en que territorio te encuentras. Son unos verdaderos guías turísticos sin el mayor costo.

En la otrora apacible Copacabana, hoy, con ínfulas de metrópolis y con el vicio de derruir el pasado; en la calle principal (calle del Comercio), estaban empotradas las peluquerías del pueblo, pequeños cuartos con la parafernalia requerida para el oficio de desmontar copiosas cabelleras o a hacer milagros con los cuatro pelos de un engreído calvo. Al entrar, se sentía el olor a talco de bebé, alcohol antiséptico y a piedra lumbre, que se restregaba por donde la barbera había pasado con su filo de bisturí, dejando algunas muescas con hilillos de sangre, para evitar males posteriores o la infame tiña. Don Jesús González, dejó la ciudad de Medellín y se instaló en el Sitio, trayendo nuevos cortes de cabello, aparatos más modernos, lo que llamó la atención de los citadinos.   
Un hombre serio, de hablar pausado y de largas historias. Víctor Gallo, alto de complexión gruesa, en que no podía faltar un inmenso tabaco en la boca, a medida que iba haciendo la gestión y narrando los hechos acaecidos de la noche anterior, dejaba caer partículas de ceniza sobre el pulquérrimo lienzo que envolvía el cuerpo del cliente. No perdía lunes, para sus libaciones etílicas acompañadas con damiselas en lo que se llamaba Las Camelias. Eleuterio Rivera, personaje más bien salido de un cuento de terror. Tez trigueña, cabello ensortijado completamente blanco; arrugas profundas en el rostro y sobre todo aquel raro contraste de las antiparras. En uno de los ojos, el lente, estaba completamente empañado, para evitar que el vulgo detectara que allí, no existía sino la cuenca y en el otro, estaba despejado de vidrio, quizás por ello, era poca su clientela. El más bello personaje de los barberos, lo era, don David Carvajal. Viejo alegre inundado de historias. Hizo del oficio, la manera de que los enfermos y lisiados, encontraran el modo de mantenerse bien rasurados. Cogía su bicicleta y en la parrilla, cargaba los instrumentos y casa por casa prestaba el negocio. El primer peluquero de servicio a domicilio; mucho de caridad y de visión. ¡Oh tiempos!  

Alberto. 


jueves, 5 de diciembre de 2019

VISIONES


BALCÓN HISTÓRICO DE COPACABANA.

¿BOBADA? Creer que se deja, lo que produce dinero.
¿RELIGIONES? Concurso desabrido de baile.
¿ACADEMIA DE LA LENGUA? Salón tétrico en que se reúnen unos vejetes, a aprobar porquerías.
¿GUACHO? Próximo ministro de defensa.
¿DISIDENCIA? Brazo armado del mismo con las mismas.
¿TUMBA? Lugar en que se guardan los secretos que no se pudieron contar en vida.
¿VENTRÍLOCUO? Es el que finge la voz con esfuerzo, cuando los otros lo hacen sin inmutarse.
¿EXTRAÑEZA? Estando cerca no se hablan y se aman intensamente en Internet.  
¿CALÍGULA? Tragón compulsivo.
¿ABUELA? Mujer envejecida y despersonalizada que los nietos destruyen “amándola.”
¿VENTANILLA? Lugar siniestro que las personas usamos para cobrar favores. 
¿COITO? Momento en que no existen disgustos.
¿EL? Siempre está ahí, los que nos alejamos somos nosotros.
¿EXTRAÑO? Qué las aberraciones que antaño fastidiaban, hoy, son aprobadas. 

Alberto.