MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 11 de julio de 2018

POR FIN


EN FAMILIA

La vida hogareña se había convertido en un infierno. Le decía antes de irse al trabajo, cuando llegaba y en los fines de semana con mayor intensidad: “no me he podido amañar ni un solo instante en este barrio; sácame de aquí antes de que me dé una trombosis”. No le faltaba sino arrodillarse. Le decía de buenas maneras; le subía el tono al igual que doña Ramona, la esposa de don Pancho, el de tiras cómicas.

Cogía al niño pequeño entre los brazos, para mostrarle que él, todos los días estaba más flaco, que seguro, era por el aire viciado que provenía de la esquina, lugar preferido por los fumadores de ‘maracachafa’. Trataba de darle celos, al contarle las miradas lascivas del tendero, lo mismo que Cornelio el de la carnicería, cuando iba a comprar el ‘diario’. Lloraba a moco tendido, contándole la forma en que la observaban las viejas chismosas que salían de misa y que ella, alcanzaba a escuchar el murmullo cuando la deshollejaban, especialmente de la parte que la espalda pierde el nombre. El marido nada de nada.
No existe algo que no tenga su fin. Un viernes en la noche, llegó el esposo, con muchos tragos demás: mija empiece a empacar, que mañana por la noche, nos vamos. Mientras el marido dormía la rasca, cantaba al son del radio, movía las caderas llevando el compás de música costeña; se deslizo hasta la cocina para apagar las velas que le había prendido a cuanto santo le manifestaron que hacía el milagro de sacarla.
Estaba tan contenta con el trasteo, que no preguntó para donde iban. En un hueco sintió que algo cayó al suelo; miró y alcanzó a ver al corazón de Jesús hecho pedazos en medio de la vía. No dijo nada y con la punta de la blusa, se enjugó una lágrima.

Alberto.

jueves, 28 de junio de 2018

EN ELLOS SÍ LO HAY


LOS NIETOS

Las sensaciones de angustia, desamparo y placer, no sólo son de los llamados pensantes. Así cómo el amor, tampoco es monopolio de ‘los reyes de la creación’.
Desde su atalaya, con la mirada fija en el punto por dónde ha de aparecer, el que, la hace aullar desde hace algún tiempo, espera ansiosa, la aparición, en compañía del amo. Sabe que andan juntos, porque así pasaron de ida. ¿Irían a dar un paseo? ¿O sería a comprar la bolsa de comida qué, se ha vuelto tan cara?
Por momentos en la rapidez de su cerebro, la torturan negros pensamientos. Ella en la ventana, que sus dueños le asignaron como lugar para el descanso y seguramente también, para que no estorbara en la limpieza de la casa, ha visto pasar a muchos juntos y jamás regresar; solo pasa el hombre con la cadena en una de sus manos con una extraña sonrisa. Sí. Ella, ha observado con frecuencia ese procedimiento inhumano, que la hace padecer y se llena de temor. Siente que el tiempo a pasado y no es la misma, cuando era ágil y bajaba con rapidez las escalas a la ladrarle al desconocido que había tocado la puerta. Notaba también, que se pasaba por la época, en que no se los adquiría por la devoción en amar, sino por lo extraño de la raza y su valor en dinero, que es una forma de demostrar categoría, atiborrada de petulancia. No. Sus amos no eran así. Eso la hacía estar tranquila.
La alegría le llegó, al ver en el principio de la subida de la calle, los retozos del sabueso canelo, que no dudaba, sería el padre cariñoso de hermosa camada.

Alberto.

miércoles, 13 de junio de 2018

CON OJOS AJENOS


DETRÁS DEL CRISTAL

El ‘cucarrón’ cansado de revoletear por las alturas, empujado algunas veces por la fuerza de viento u otras, llevado en artísticas marionetas de la brisa suave, cae estrepitosamente contra el suelo.
En el ayer pasó por encima de presuntuosos edificios haciendo mover con fuerza el par de alas; vio desde la inmensidad del firmamento los espacios de pobreza, las grandes discotecas donde el ‘amor’ se vende; miró a los recolectores de basura que otros arrojan y que son sustento de la familia; escuchaba el ruido de las motor en precipitada huida, gritos de angustia e hilillos de sangre que aun corría por el pavimento con su rojo apagado y mal oliente; llegaban en sus vuelos hasta las antenas, las promesas no cumplidas, el grito del parto de las madres bebes  y la primera mirada del hijo sin futuro. Bajaba casi hasta tocar el suelo y percibía los suspiros jadeantes en los moteles y el sonido de copas que celebraban el final de una doncella menos y podía escuchar, el conteo de billetes, con los que una familia se podría alimentar o pagar los estudios.
Viajaba buscando otros horizontes por las cordilleras y oteaba las hermosas fincas en donde en otros tiempos, vivían en mancomunidad los ancestros, el trabajo honrado, la fidelidad, humildad y la palabra notarial, pero ahora, no veía nada de aquello. Donde estaba el cafetal, encontró la piscina; en la cocina de otrora, caliente y acogedora que le daba vida a la chimenea, estaba instalado el bar y en las piezas decoradas con el daguerrotipo familiar e iluminadas por el crucifijo al amparo de la Virgen del Carmen, se convirtieron en mullidas camas donde el sexo llega al paroxismo.
Regresó cómo pudo, sacando fuerzas donde ya poco había, lleno de desilusión, dejó que sus alas se detuvieran. Cayó y la poca vida que le quedaba, se la apagó el zapato de un transeúnte.

Alberto.

miércoles, 6 de junio de 2018

LA INCLEMENCIA DEL TIEMPO



ROSTRO CAMPESINO

Los días traen a cada instante hermosas postales, para verlas se debe andar con los ojos bien abiertos y haber dejado detrás de la puerta, odios, resquemores, celos, angustias y envidias. La hermosura está junto a ti.
Hay quienes se internan en la espesura del monte buscando el paisaje; otros se adentran en la profundidad del mar para encontrar lo que sus aguas esconden. ¿Será qué cuenta las flores lleno de admiración? ¿O hará con sus manos temblorosas limpieza y poda? No es nada raro que el aroma, lo transporte al pasado, cuando con el corazón henchido de amor, llevara ramillete, acompañado de guitarras y tiples, a la mujer que colmaba todo el ser, sin que quedara espacio para nada más.
Puede ser, que la angustia de la mirada, sea de saber que falta tan poco, para abandonar las alegrías del pasado o el amor de seres queridos. No es raro, que busque entre palomas y flores la compañía, para contar historias que en su casa ya nadie quiere escuchar; él lo supo, cuando lo mandaron a dormir a la última pieza junto al crucifijo, que lo acompaña desde antes de la procreación de los hijos.
La naturaleza, el amor y la paz, la encuentra en lugares prestados. Nada rima en sus palabras, ni su voz enamora la vida material. Sólo la flor escucha su monosílabo carrasposo: ¡Ingratitud!


Alberto.

miércoles, 30 de mayo de 2018

La Cabaña (Bambuco- Obdulio y Julian)

LOS FRISOLITO DE MI DIOS


LA NUEVA GENERACIÓN



Aquí se ha llegado al paroxismo. El manjar de los dioses. En España, los llaman judías, ¿será por qué los hebreos parece ser, han sido comelones del fruto de esta planta leguminosa? Valla uno a saber. Pero parece que la cuna es la de los ‘manitos’ en México.
Por estas breñas de don Tomás carrasquilla, es el plato que no puede faltar en la mesa del más encopetado  o en la humilde casa de chimenea humeante. Según la alcurnia, se les denomina. Fríjol, frísol, frijol etc. Pero la auténtica que viene desde la montaña arriba, son frisoles con coles o, con plátano verde ‘picao’; muchos los prefieren con cidra, todo va en gusto o la región de donde provenga el comensal. Los hay liborinos; se encuentran grandes, pequeños, rojos, amarillo y hasta negros, pero los que mejor se ven en el plato ante los ojos y el gusto son los cargamanto, ya sean rojos o blancos a quienes se les ha echado garra de marrano criollo. No puede faltar a esa vianda extraída de las cercanías del cielo, el ‘hogao’, que le hace juego al apetitoso manjar.
Cuando se juntan los frisoles, la arepa, aguacate, chicharrón de 7 patas y la mazamorra en la culinaria maicera, se ha llegado al momento culminante de chuparse los dedos; ‘aloye’ mi don. Cómaselos ‘jirviendo’ con su carne en ‘polvo’, pa’ que le sepa ‘gueno’.
Ah…los que le sobraron, se comen al desayuno del día después en ‘calentao’, con arepa delgada o ‘tela’, dorada en el fogón y no olvide la tajada de quesito hecho con leche de vaca negra.
Se dice de alguien que vivió un tiempo en el extranjero y cuando anunció el regreso, la madre le preparó un buen plato de frisoles para sorprenderlo; al sentarse a la mesa, le dijo a la progenitora: ¿vieja, que clase de frutillas son esas?

Alberto.


miércoles, 23 de mayo de 2018

MAZAMORRA


MUERTE A LA CULTURA


¡OH aquellos tiempos! Al saludar el caminante desde la puerta de tranca, escuchaba desde el interior una voz amigable, invitaba a pasar y sentarte en el tarimón, (que los antioqueños llamamos tarima del corredor) y una mujer que no ocultaba el embarazo traía en sus manos una taza inmensa, repleta de mazamorra con unos granos igual que pelotas de pin-pon, en donde no faltaba el dulce machacado Siéntese mi don a la fresquita, tome aliento, para seguir la jornada. Hoy eso no se puede hacer.
“Se llamaba mazamorra al guiso con el que se alimentaba a los galeotes (remeros, casi siempre forzados, en los navíos llamados galeras) y a los marineros, que consistía en las legumbres disponibles, generalmente lentejas y garbanzos, cocidos juntos, y aliñados con algunos vegetales disponibles, normalmente pimientos”. Wikipedia.
  Pero por estas breñas de maiceros, la cosa fue distinta heredamos de los aborígenes el amor por la nutriente mazorca que sonriente nos brinda encantos. Las amas de casa madrugaban a desgranar para echar en el fondo del pilón y con la ‘mano’ acertar golpes que fuera descascarando el grano, hasta parar en ollas de barro, que a fuego de leña iba tomando su olor, que se expandía por el hogar enredado en el canto de las mujeres amantes del esposo, hijos y del trabajo honesto del hogar. Eso, también ha sido desalojado por el modernismo.
Ya esos ajetreos, que eran unidad familiar, se han cambiado por salir a la puerta, a la espera de quien ha hecho de la costumbre montañera, un oficio lucrativo.
El grito del vendedor se escucha a lo lejos: mazamorra…mazamorra ‘pilada’ a $500 el cucharón; la leche la pone usted, si acaso tiene dinero para la bolsa y la endulza con el recuerdo.

Alberto.