MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 23 de mayo de 2018

MAZAMORRA


MUERTE A LA CULTURA


¡OH aquellos tiempos! Al saludar el caminante desde la puerta de tranca, escuchaba desde el interior una voz amigable, invitaba a pasar y sentarte en el tarimón, (que los antioqueños llamamos tarima del corredor) y una mujer que no ocultaba el embarazo traía en sus manos una taza inmensa, repleta de mazamorra con unos granos igual que pelotas de pin-pon, en donde no faltaba el dulce machacado Siéntese mi don a la fresquita, tome aliento, para seguir la jornada. Hoy eso no se puede hacer.
“Se llamaba mazamorra al guiso con el que se alimentaba a los galeotes (remeros, casi siempre forzados, en los navíos llamados galeras) y a los marineros, que consistía en las legumbres disponibles, generalmente lentejas y garbanzos, cocidos juntos, y aliñados con algunos vegetales disponibles, normalmente pimientos”. Wikipedia.
  Pero por estas breñas de maiceros, la cosa fue distinta heredamos de los aborígenes el amor por la nutriente mazorca que sonriente nos brinda encantos. Las amas de casa madrugaban a desgranar para echar en el fondo del pilón y con la ‘mano’ acertar golpes que fuera descascarando el grano, hasta parar en ollas de barro, que a fuego de leña iba tomando su olor, que se expandía por el hogar enredado en el canto de las mujeres amantes del esposo, hijos y del trabajo honesto del hogar. Eso, también ha sido desalojado por el modernismo.
Ya esos ajetreos, que eran unidad familiar, se han cambiado por salir a la puerta, a la espera de quien ha hecho de la costumbre montañera, un oficio lucrativo.
El grito del vendedor se escucha a lo lejos: mazamorra…mazamorra ‘pilada’ a $500 el cucharón; la leche la pone usted, si acaso tiene dinero para la bolsa y la endulza con el recuerdo.

Alberto.

miércoles, 16 de mayo de 2018

ESA, ME TRAE RECUERDOS


AFERRADOS A LA MONTAÑA



El sol caía casi vertical. La sombra estaba bajo el cuerpo y del pavimento exhalaba vapores por evaporación.
La economía ambulante de miles de personas, era lo único con lo que podía contar para la  subsistencia. Se había colocado estratégicamente, tal como lo hacen las grandes compañías del espectáculo, cuando con publicidad invitan a llenar los estrados de imponentes teatros.
A la guitarra se le habían encontrado los mejores acordes. La ‘taquilla’ terrestre al alcance de la mano; el tinto y el agua, para aclarar la voz y el mejor amigo en primera fila, para que ayudara a no perder la fe que a veces lo abandonaba.
La lucha contra la adversidad, había formado en él, un espíritu guerrero.Todo lo podía perder en un instante, pero jamás, la compañía de su perro, sería como extirparle el alma. Para él, ‘surrunguiaba’ las 6 cuerdas en armonía; por él, sus esfuerzos por vencer las dificultades climáticas y para él, su existencia.
La mascota sabía sobre su amo, que también tuvo veinte años; ambos estaban seguros, de que el amor existe más allá del sexo.

Alberto.

miércoles, 9 de mayo de 2018

PINTURA QUE NO PASÓ DE BOSQUEJO


BARRIO LAS PALMAS MEDELLÍN



Todo estaba listo. Pinceles agrupados entre un vaso. Aceite de linaza, los pomos con los oleos multicolores, trapo, recipiente para limpieza; trementina, lienzo, paleta, caballete y manos a la obra.

Los ingredientes habían salido, de dineros ‘capados’ al bastimento casero, esperando, que la consorte, mujer de armas tomar, no se llegara dar cuenta del desfalco.

En un rincón, ‘agallinao’,  empezó hacer la obra pictórica, que tanto había soñado, desde que se destetó del hogar paterno. Trazos largos y de colores fuertes. Iba delineando la figura femenina, encontrada en una revista, para que le sirviera de modelo; se alejaba del caballete, para observar. Sí, las cosas andaban bien. Untaba y mezclaba en el pincel, colores que le fueran dando forma y realce. Sentía satisfacción y paz absoluta en lo que realizaban sus manos, que no sólo fueron hechas para labores bruscas, sino también, para la delicadeza, el amor y el arte.

Cuando terminara el cuadro, iría a engalanar uno de los lados de la pared de la sala, en aquel, que quedaba enfrente de la ventana, para cuando la gente pasara, fuera observada y admirada. Estaba embebido en los pensamientos y casi listo para firmarla, cuando sintió un estrépito de rayo. Volaron por los aires la parafernalia artística, quedando como ‘carne en polvo’; en un instante, alcanzó a ver su obra desastillarse contra el dintel de la puerta.

 La esposa, era el huracán que todo lo destruyó en un abrir y cerrar de ojos.

¡Ve este langaruto! ¿A vos quién te dijo que de eso se puede vivir? ¡No me creás tan ‘collareja’! No sólo ensucias las ropas de los niños, sino el mal ejemplo. Coja oficio mijo, que la vida no está pa’ bobadas.

Alberto

jueves, 3 de mayo de 2018

LO QUE SE VE


LA CASA DE MI PAPÁ

Seguro, la lombriz, había salido a explorar la noche anterior, perdió el equilibrio y ya no pudo regresar a su túnel. Batalló por sobrevivir, hasta fallecer.
Había comenzado a aclarar el día. La hormiga, sintió en el llamado de sus antenas, olor a comida, lo mismo que la dirección; llegó hasta el lugar exacto. Se asombró al ver el tamaño de la presa; sus fuerzas, no eran lo suficientes para cargar aquel apetitoso plato. ¿Qué hacer? Se fue comunicando con sus congéneres, quienes al llamado, fueron llegando uno a uno, hasta formar abigarrada multitud.
Cada una de las obreras, recibía de la reina, la orden para empezar unidas el fatigante trabajo de cargar encima del ‘hombro’, el majar que llevarían por entre las hendijas en donde estaban radicadas, desde que partieron del patio posterior, por desalojo con agua hirviente de que fueron objeto.
Se fueron acomodando una tras otra, debajo del invertebrado,  esperando el mandato de alzar. 1, 2 y tres. La lombriz se empezó a mover cargada por la fuerza de la unidad. El recorrido era extenso y fatigante, pero era necesario hacerlo. Por días no faltaría alimento en la despensa y el hambre no las acosaría.
¡Mundo pequeño irradiador de sabiduría! 
“Manque” parezca raro, al ser humano, le quedó grande el accionar dentro de la comunidad. Es ‘cusumbosolo’, ‘echado patrás’, egoísta, mentiroso, fanfarrón y otras bobaditas de memoria genética, que lo hacen diferente a la comuna de pequeños seres, mirados indiferentemente por encima del hombro. “Ai tá pes”, el meollo; no sabemos agruparnos y menos compartir. El sufrimiento, la necesidad ajena, nos importa un ‘bledo’; cada uno se precia el ‘buenavida’ de la creación, cuando solo somos unos ‘calzonsingentes’ y nada más.

Alberto.


miércoles, 25 de abril de 2018

LA VIDA "APANDETRIGADA" DE CHIQUI


BELLEZA ESCONDIDA

Caminando desprevenidamente con rumbo al minimercado, tal vez, pensando si el dinero alcanzaría; saz, se escuchó el chirrido de llantas al frenar. El chofer energúmeno gritó: “éste, no es tú madre, viejo Matusalén”. Iba tan rápido el conductor, que no alcanzó a ver, cuando él, enderezó el dedo del corazón y dobló por las segundas falanges, el índice y el anular alzando el brazo hasta donde pudo. Siguió mirando los edificios antiguos, que estaban esperando a ser derrumbados; mientras seguía mascullando algunas palabras terminadas en uta.
Miró la renovación de la escuela pública. Las ventas de chucherías para los niños. El vendedor de mango viche; al señor que ofrecía  llamadas en celular. Esquivó a alguien que traía una enorme caja sobre los hombros; escuchaba la retahíla de los que arrastraban la carreta ofreciendo los aguacates. Los ojos se alargaron a la distancia, para mirar a los vendedores de antigüedades (modernas); tierra de capote, materos, en las afueras de la Plaza de Flórez.
Había hecho tantas veces el recorrido, que podía serrar los ojos sin tropezar. Conocía el rugir de los motores que cargaban los mercados; era tanto, que el cambio de rojo a verde del semáforo, lo poseía en su memoria; por eso, no le importaba las advertencias de la esposa, entre ellas, que sí se había subido el cierre de la bragueta. Algo distinto llamó la atención. En sentido contrario al suyo, venía una bella mujer y en sus brazos cansados, bien acomodado el amor de su vida. Esa vida, que no se marcaba en años, sino en experiencia; de fatigas, sueños y soledades.
     Todos esos espacios vacíos, los había llenado desde tiempos pasados, el ‘buenavida’ de ‘Chiqui’, la mascota elegida para que jugueteara por las alcobas, camas, corredores y avisara cuando alguien desconocido tocara la puerta. Desde la llegada del animalito, todo había cambiado. Sabía que debía levantarse temprano, para sacarlo a dar su paseo matinal  hacer sus necesidades, a la vez, que ambos, perdían el estrés de la cotidianidad.
No escapa a los ojos de la dama, una lágrima furtiva, al pensar, en que todo tiene su fin. 

Alberto. 

jueves, 19 de abril de 2018

ESTAMOS CASI A SALVO


DERRUMBE



Iba al centro; no a la ‘gachapanda’, ocupándose de algo o de alguien. No no… ¡no! Quería salir a ‘loliar’ a los almacenes y centros comerciales en los escaparates, lo último en la moda. Eso, le había dicho una amiga, era magnífico para desestresarse, según el médico de la EPS. Al llegar a una esquina concurrida, el espacio, se llenó de papelitos, que los vehículos al pasar empujaban hacía al cielo, después, caían entapetado la vía.
No caminó muchos pasos, cuando jóvenes, ancianos, incapacitados y mujeres, entregaban en las manos de los transeúntes la curación de todos los males. Eran tan surtidos como una bandeja paisa.
Los humanos (no se sabe por qué) somos amantes a ‘agüeriar’. O sino démosle un vistazo a lo que se siente al ver una mariposa pegada de la pared; oír el ‘currucutú’ a media noche, un gato negro sobre el tejado etc.; los pelos se ponen de punta, la epidermis  como piel de gallina y… ¿por qué no de gallo?
Ahora se dice: LIGAR, cuando hace mucho, la gente del común, le decía a una madre: mija, a su hijo lo enyerbaron. Él, que era tan ‘avispao’, ahora, anda ‘aleláo’.
Los celos se remontan a la creación del mundo. Adán no los pudo ocultar, cuando le reclamó a Eva, por las charlas clandestinas con la serpiente y nosotros recordamos, que de allí, nació la moda del vestido ¡Y qué precios!
Le echó mano a la hojita, abrió la cartera, la depositó en fondo del rebujo; entró en la iglesia, oró ante la imagen de predilección; llegó a la casa y tomó el teléfono: señor, quiero que ligue a mi esposo de 80 años, que se cree de 20 y no hace sino dar lora, hablando disque de polvos… 
ALBERTO.




miércoles, 11 de abril de 2018

¡POR QUÉ?


BUSCANDO ARMONÍA



“Los animales son hombres disfrazados”. Leyenda africana.
Oscuridad fabricada por la altura de los edificios. Bullicio insoportable de vehículos y gente. Todos atropellados en una carrera sin fin; sin estacionamiento.
Unos bajan y otros al contario, suben. Se golpean inconscientemente o se paran en el jarrete de quien se ha adelantado.
El jaibaná jamás al implorar los espíritus jai, junto a la quebrada que atravesaba el bosque les había dicho, que terminarían asentados en la prisión amuralla de hierros retorcidos amarrados con argamasa de una ciudad.
Unos estaban inclinados sobre los surcos de horticultura; otros engreídos en la pesca y hasta niños lanzaban flechas, en busca del animal que calmara el hambre. ¡Qué calma! Las ingenuas miradas se posaron al uncimos en el hombre blanco, al llegar sin aviso, en una maloca. ‘Arrozudos’, ‘agallinados’ y desalojados han ido quedando los Emberas Katíos; ‘¿oites?’.
Se enseñaba en las cartillas de otrora, que los indios eran los verdaderos dueños de la tierra. De eso, pasaron a ser los mendigos en las esquinas de las aceras; respirando el humo envenenado de los motores; recibir miradas despectivas e interrogantes de transeúntes hartos; explotación inmisericordiosa de seres sin consciencia que les roban hasta el último centavo, que va a parar, a cantinas y en horas de la noche, en casas de bombillos rojos.
   En sus miradas, se puede ver el temor, la angustia y el hambre. El hogar quedó allá lejos rodeado: de árboles, quebradas, riachuelos, costumbres, folklore; de sol diario, luz de luna en noches de calma y luceros titilantes; esa paz, se fue perdiendo, con la llegada de los afuereños, que han acrecentado la hacienda y disminuido el territorio de ingenuos compatriotas sacrificados por la injusticia. 
ALBERTO