MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

PENSAMIENTOS CRUELES


La elegancia de Francisco Mejía Arango

Aquella paz imborrable vivida en el hogar, en que unos padres habían entregados sus vidas a brindar enseñanzas, a hacer derroche de amor, infiltrando con caricias, besos y ejemplo el líquido de la sabiduría para que se irradiara por los torrentes de la sangre hasta la conciencia; estaban sometidos a los vaivenes del deterioro de los años. En sus cabezas se notaba, al haber desaparecido el azabache de sus cabellos, para convertirse, en copos de nieve descargados implacablemente por el peso de una larga existencia. Algunas furtivas lágrimas, se escapaban en horas de soledad y ensoñación. Se amaron sin reservas, ni restricciones. Compartieron unidos alegrías, sufrimientos, el dolor del uno era compartido y el rezo unía sus almas en una piedad sin engaño ni afectación. Iban apareciendo los olvidos, la lentitud en el andar, arrugas que tasajeaban inclementes los bellos rostros y el cansancio. Era lo natural en el recorrido de la existencia.
El hijo, que aún imberbe, veía de soslayo el deterioro por miedo a mirar de frente, la realidad de la implacable corrosión de tiempo, en aquellos bellos seres que él amaba entrañablemente. Siempre había tenido la idea, que eran inmortales y que eternamente, llenarían su espacio interior y exterior, con el bálsamo consolador del amor sincero, que irradiaban sus corazones, creados para calmar las vicisitudes de la adversidad, en el trasegar de la existencia del retoño instituido con sentimiento puro, para alegrar el hogar, castillo de virtudes de épocas otoñales. Comenzó a entender que el contexto era diferente a lo que le dictaba la imaginación, que debía aceptar  lo instaurado por las leyes de la creación.


Nina Vélez Muñoz

Cada amanecer corría anhelante para constar que sus corazones palpitaran dentro de los pechos y que la voz cansada, llenara de arrullos por entre las flores del jardín, el idílico romance mullido de caricias fraternales en los deleites de un hogar construido con besos. El paso melancólico de los días, le comunicaban, que no andaba lejos, el final del contubernio glorioso de seres infinitamente amados. Callado y sin ánimos, escuchaba los disentimientos de la razón. 


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