MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 21 de agosto de 2013

UNA VISIÓN INGRATA.

Cosas antiguas.
“Ser libre es prescindir de ciertas culpas” (Eduardo Mignogna).

Los pueblos son construidos alrededor del parque principal. Toda la actividad es manejada desde allí. Quizás por ello, el lugar es bellamente arborizado, trazado en forma de figuras geométricas con jardines; no puede faltar la fontana, adornada con patos que desde sus picos arrojan chorros de agua, que cuando la brisa hace aparición, indiscriminadamente, pequeñas gotas, refrescan a todo aquel transeúnte que cruza. El comercio se hace presente, donando bancas en que el eslogan hace la publicidad y dan el descanso para ancianos, jóvenes buscadores de amores y familias enteras en busca de solaz. Allí, las estatuas de próceres o de algún político, que hizo más mal que bien. No puede faltar, el monumento a la madre, como una manifestación al apego que por esta figura, siente el pueblo por el matriarcado, forma de cultura paisa. La iglesia, casa cural, alcaldía y comercio, están a la mano en el entorno, es por eso, que siempre se ha de ver personas circulando y punto de encuentro de habitantes.
Horas enteras se pasaban fraternalmente entre amigos. En una de esas bancas la tertulia se extendía hasta prolongada la noche. Brotaban los chascarrillos, palabras ingenuas, cuentos picantes acogidos por estruendosas carcajadas, imitaciones de personajes del pueblo. El licor, estaba de compañero en las noches de los viernes. Risas y hasta cantos, llenaba la placidez del refugio en que el pueblo conoció su nacimiento y nosotros, los mejores momentos de nuestras vidas de juventud de la que creíamos jamás saldríamos y nuestros cabellos serían sin hilos de plata. Muchos años, nos alejan inclementemente y hasta con sevicia, de esas horas, de eso bellos días y aquellas noches apacibles. Cualquier día se regresa, con el cansancio que dan los años, hacer un recorrido por los lugares y la sorpresa de nada encontrar en pie, hace saltar las lágrimas. La mirada explorativa se tropieza con borrones de lo que fue el ayer; el oído no escucha salir de los cafetines la música campesina.
Cultivo casero.
 Se le ha dado paso a los acordes extranjeros. El pueblo es un remedo de barrio de metrópolis, ha perdido todo su sabor y encanto.
Los ocupantes asiduos en las eras simétricas y ajardinadas duermen la borrachera, grupos de alcohólicos, que sólo esperan la muerte para descansar de tan cruenta enfermedad. Ha, la mirada se posa en un cuerpo pesado; esa cara es inolvidable, a pesar de las tallas infames que endurecen el rostro. ¡Es aquel amigo de los mejores años! Esquiva la mirada y serpenteando se aleja, eludiendo su presencia. Entre su dolor, queda flotando el nombre de quien fuera un elegante compañero, admiración de damas y hoy señalamiento de la insensibilidad.   

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