MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

viernes, 18 de noviembre de 2022

DESHOJANDO ALMANAQUES


DESHOJANDO ALMANAQUES

 

En los últimos tiempos se ha estado como a la espera de aquella carta, en la que entre líneas han de venir fragantes noticias allende de los mares, sin que las gaviotas estropeen su curso; es una carta ficticia, creada por la mente, en la que atraviesa el oscuro túnel del tiempo, para que renueve el ayer vivido, al hoy, añorando ver con claridad estampas escritas en mármol en el lindero florecido de épocas eco distantes. Cuando llega el oscuro fantasma del “cartero”, es a horas impropias, como aquella de llegar a media noche en medio de la oscuridad de la alcoba o a la modorra del mediodía cuando se escucha el taconear de la gente sobre el pavimento humeante; sin negar, se siente una felicidad de muchacho cagao hasta la crin. Se abre el pliego de ese ayer y van apareciendo ilustraciones, estampas y grabados desde los pantalones cortos con los bolsillos que estaban llenos de bolas roñosas, el trompo y la pita, la cauchera de cuatro ramales con la horqueta tallada con la efigie de mujer voluptuosa, hasta con roto incorporado para tocarse el “pipí”; así mismo, surge por entre gobelinos perfumados, el hogar paterno con sus costumbres, patios florecidos, bendiciones, regaños, ronronear de gato y ladridos, una mixtura soberbia de encantos quizás irrepetibles en el lapso que queda por recorrer. En esa esquela perfumada por el espacio, no puede faltar en el guion, los efugios de amores rechazados por la suegra con infinita crueldad, son todo aquello, la parafernalia que va endureciendo la personalidad para enfrentar en el futuro al monstruo de la realidad.

 

Al seguir avanzando en la lectura, llega el instante fatídico de otra tragedia casi en el mismo punto del de la escuela de niña, en el lugar de Cuatro Esquinas un poco más abajo de la cantina de “Molé”; un señor se subió a hacer un arreglo en un techo y por un descuido tocó las primarias de la energía y murió electrocutado, no deja de ser algo curioso, en tan corta zona, dos desdichas. En la epístola del tiempo con aquella hermosa caligrafía de la añoranza, aparen la alegría ingenua de saltar polines de la carrilera, unas veces para ir hasta Girardota y las más, para ir a Bello a ver cine en el teatro Rosalía o al Bello; cuando existía cansancio, se caminaba estableciendo equilibrio sobre el riel, aquellas paralelas aceitadas serían como todo un psicólogo para las generaciones actuales. Avanzando en la lectura de esa “carta” artificiosa, aparecen los juegos infantiles desarrolladores de la mente, espíritu y cuerpo, las niñas jugando: al lazo, con muñecas de trapo muñequero a las mamacitas, también la golosa y los niños, pirinola, botellón, pelota envenenada y con carritos en madera rústica, recogiendo arena de las construcciones, que, a la vez, amontonaba en las uñas las minúsculas niguas culpables de incitante rasquiña y dolorosas pelas.


Alberto.

 


 

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