MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 8 de enero de 2014

LA PRIMERA MUJER ALCALDE

El centro de Copacabana

“La vida se mide por hechos y no por días.” (Pietro Metastasio)

E
n aquellas épocas, la mujer, estaba alejada de vida política con algunas excepciones, que seguramente se podían contar en los dedos de la mano y más, si el cargo era la administración municipal. Los nombramientos de alcaldes se hacían movidos por intrigas ejecutadas desde los directorios y no por la conveniencia y bienestar de un conglomerado; ese factor hizo que el progreso de los pueblos fuera poco y la figura del burgomaestre era apenas algo decorativo que asistía a todas las fiestas de carácter nacional, religiosas y el jefe de los jurados en los reinados, el resto del tiempo, lo pasaba en el escritorio leyendo la prensa, tomando “tinto” (café), a la espera de ir almorzar y por la tarde tomaba los arreos personales para regresar a casa en la ciudad capital.
Le habían dado los últimos palustres a la obra del nuevo y pomposo edificio de la alcaldía. Para la ocasión se contrataron orquestas, se confirmaba la existencia del gobernador, periodistas y de un maestro de ceremonias que recayó en la hermosa voz de Rodrigo Correa Palacio, que le daría lustre a la emisora del pueblo, RADIO COPACABANA. La gente   no quería perder ni un solo instante, de aquel acontecimiento en que la  autoridad, estaría en las manos de una mujer. Primera en todo el tiempo en Antioquia, de vida democrática. Se escucharon voladores, repiques de campana cuando hizo su entrada al parque el vehículo que trasportó a la Dra. Luz Elena Betancur de Cook que desde ese día tomaría las riendas del ejecutivo del lugar, fundado por el Mariscal Jorge Robledo y custodiado por la Virgen de la Asunción, patrona que engalana desde el altar mayor el templo parroquial. Los borrachos no cabían por los corredores pues la champaña corría a manos llenas; los abrazos y gritos de júbilo retumbaban en los salones y la esperanza de cambio, se asomaba ingenuamente en los corazones y el cura, echaba bendiciones refrescando con agua bendita, el rostro de damas y caballeros ebrios.
Chiva en artesanía

 Las damitas de la alta sociedad refregaban sus cuerpos al son de la música, sin importarles un comino el desaliño de la figura, ni el costoso peinado, menos, los zarcillo rodados por el suelo como el desgrano de una mazorca de maíz.
Al día siguiente todos recordaban el espectáculo de la posesión de la primera alcaldesa y la inauguración del Palacio Municipal y en la grabación echa por la emisora, quedaron voces altisonantes de quienes se preciaban de ser dechados de virtud y corrección. 
 


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