MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 1 de abril de 2020

DIVAGACIONES


GUATAPÉ  ANTIOQUIA Y SUS PATOS

De tumbo en tumbo marchaba el agitado peregrinar del conglomerado habitacional en el planeta; los bufones burocráticos exhibían ante el cardumen crédulo, las benevolencias de los desafueros en las políticas libertinas de los estados, haciendo creer con malabarismos económicos que se marchaba en un cabalgar de éxitos y que cada súbdito dejaba de ser inferior al pasarles el rasero de la democracia. Los templos suntuosos, garajes llenos de engaño, mezquitas Islámicas, sinagogas judías y un sin fin de vividores, tenía al unísono la clave de la salvación. Eros, de la mitología griega, el comprometido con la seducción sexual, tomó poder sobre cada criatura inyectando dosis de olvido ante la fidelidad; en los tálamos y sobre el césped caía a pedazos la virginidad; reputadas ancianas, ninfas con olor a orines abrían sus extremidades para copular con siniestros depravados. No ser igual y practicar sexo indiscriminado, estaba encasillado en la era de los dinosaurios. Todos y todas se agruparon en la “alegría” de un período irresponsable que adquiría el mismo tenor del tiempo bíblico, cuando Sodoma y Gomorra se desplomaron quedando en pie solo Lot, Edith y la familia, fue el fin; de allí, se encontraron el renacer que estaba en el principio de una vida sencilla, colaborativa y humilde. ¡Todo se desplomó! ¡Hoy, la pandemia, trae el nuevo renacer!   

Desde el continente asiático fue apareciendo la sombra negra, hasta oscurecer el mundo. El universo entró en pandemia. Las potencias eran iguales a los países en desarrollo, la aves vieron el espacio limpio, empezaron a juguetear en el aire sin temores, descolgándose hasta la copa de los árboles y de ahí a piquetear en las calles vacías; los ríos y las quebradas contaminados, empezaron a descender desde los nacimientos cristalinos como en el -principio de la creación, las mariposas se podían posar en los jardines sin ser espantadas; el eco de las oraciones se diseminaba por todos los rincones de los castillos, rascacielos, latifundios, caseríos, fronteras arribistas y de tétricos burdeles. ¡Las familias, habían vuelto a ser hogares! El milagro de retomar las viejas usanzas patriarcales, iban tomando forma. Los jóvenes podían ver a los progenitores por primera vez sin reproche, las parejas de esposos compartían la risa, renovando el círculo de amor, los ancianos encontraron el reconocimiento del verdadero valor en una sociedad olvidadiza. Estaba entrando la paz, por la crueldad del dolor, la incertidumbre y el miedo. El planeta tendría el cambio sin el engaño politiquero y sí por la conciencia, mientras el hombre mirando al cielo, daba gracias sin el peso del engaño.

Alberto 

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